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Baldes y garrafas en La Graciosa, vuelta al pasado

 

 

 

  • Lancelot Digital
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    La ‘crisis del agua’ de La Graciosa ha sacado a la luz las graves debilidades de las infraestructuras hidráulicas de Lanzarote, en general. No se trata de echar ahora culpas o buscar responsables de este problema que, no nos engañemos, se arrastra de lejos. La precariedad de las infraestructuras del suministro de agua potable en Lanzarote viene desde aquellos años en que un Consorcio Insular del Agua desnortado no afrontó la renovación de las redes de distribución, miles de kilómetros de tuberías envejecidas que hacían aguas por todas partes. A eso se les unió la declaración por parte de la entonces presidenta del Cabildo, la socialista Manuela Armas, del concurso de acreedores de Inalsa, la empresa instrumental del Consorcio del Agua, debido a la situación de quiebra técnica en la que estaba la empresa productora y distribuidora del agua dulce en Lanzarote por diversos asuntos- Gobernaba en aquel entonces el PSOE con el PIL de Dimas Martín en las principales instituciones de la isla y lo cierto es que esa gestión no ayudó a afrontar los problemas que ya venía arrastrando Inalsa, más bien al contrario se agrandaron.

     

     

    Y de aquellos polvos estos lodos. Pero ya no vale mirar atrás. El problema del agua potable y de las aguas residuales es de tal envergadura en Lanzarote, que sólo los técnicos saben el peligro real en que está la isla. Por eso nos parece insensato ante este drama que los políticos, de uno y otro bando, aprovechen para echar culpas, quitarse otras y no arreglar el problema. Y el asunto es que el problema no se arregla ni en un año ni en dos, aunque se pusieran todos a remar en una misma dirección. Porque la realidad es que ni Canal Gestión es culpable de todos los males que aquejan al agua en esta isla, más bien ha servido para atenuar la gravedad o, quizás, ocultar el cáncer que tenía la isla con unas infraestructuras cogidas por los pelos, viejas y realmente ruinosas. Insistimos el principal problema de Lanzarote es su red de abastecimiento de agua potable que pierde la friolera cifra de más del 65% de agua que se produce en las viejas plantas de Punta Grande. Para que todos entendamos la dimensión del disparate económico, pero también medioambiental, de cada 100 litros que se produce, unos 65 se tiran, se pierden en las profundidades de la tierra, por esas tuberías que cada dos por tres se rompen y en ocasiones, tienen pérdidas ocultas. Bien es sabido que Canal Gestión no es propietario de las redes de distribución. Las tuberías pertenecen al Consorcio del Agua de Lanzarote, que es el responsable de cambiarlas. Canal Gestión, responsable ahora y desde hace unos 14 años de la gestión del ciclo integral, renovó unos cientos de kilómetros de los miles que existen en el territorio insular que le comprometía el contrato, pero no fue ni el 15% de la red obsoleta.

     

    Yendo ahora a la crisis del agua de La Graciosa resulta infantil echar la culpa de la rotura a Canal Gestión como desesperadamente han hecho algunos en esta isla para huir del problema, creyendo que así se solucionará el asunto. Ojalá el problema fuera solo Canal Gestión, estaríamos salvados.  Hace bien el Consorcio del Agua de Lanzarote en obligarle y recordarle a Canal Gestión que son los responsables de arreglar la avería y suministrar agua en 24 horas a los 2.500 habitantes que hoy, pleno agosto, están sin agua en Caleta del Sebo y en núcleo residencial de Pedro Barba, los dos únicos poblados de la Octava Isla. Pero no nos engañemos. Aunque Canal Gestión arregle en tiempo la avería subterránea, el problema seguirá ahí, a la espera de que se rompa por otra parte la tubería obsoleta. Desde hace 15 años hablan los conocedores del tema, desde la época de Inalsa, ya los técnicos habían advertido a los políticos que esa tubería había que cambiarla por otra nueva, con mayor diámetro que no sólo redujera las averías sino que llevara más caudal a los dos pequeños depósitos reguladores de Caleta del Sebo que permitiera suficiente volumen para no tener que realizar cortes o medidas restrictivas de control de consumo en épocas de mucha afluencia, como es el verano. La solución real pasa por esa nueva tubería, mejorar la capacidad de los tanques reguladores y poner una segunda tubería de emergencia. Eso es lo moderno y lo responsable. Lo otro es política de vuelo raso que conduce a la imagen esperpéntica, ya olvidada en esta isla, de la gente con los baldes y garrafas cogiendo agua de una cuba. Imagen que, a muchos gracioseros, pero también, a muchos lanzaroteños, nos ha retrotraído a los años de la postguerra y hasta bien entrados los años 70 y que ahora sólo se ve en los países subdesarrollados del mundo. Más se parece La Graciosa hoy a los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia, que al próspero paraíso turístico que es la Octava Isla, donde todos quieren ir y sólo unos pocos privilegiados encuentran hospedaje.

     

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