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Carnaval te quiero

Andrés Martinón

 

 

Hace unos días una señora de avanzada edad y del interior de la península me dijo que no le encontraba gracia al carnaval. Lo peor es que hacía alusión al carnaval canario. Entendía ella que el carnaval era la Gala de la Reina que podía ver a través de Televisión Española, los concursos de murgas o, supongo que, en los últimos tiempos, los Drag Queen. Quiero entender que pensaba que nuestro carnaval era eso.

 

Lo que esa señora no sabía (se lo intenté hacer entender) es que el carnaval no es eso. Bueno, es eso y muchas y más importantes cosas. Le dije que el carnaval era la expresión más popular que puede existir en formato festivo. Donde todo el mundo se iguala y que al final vas a acabar a algo que se llama el “mogollón”: donde miles de personas durante unas horas no son ellas; son lo que quieran ser; son lo que algunos incluso no se han atrevido a ser el resto del año o el resto de sus vidas.

 

El disfrazarse produce al principio, cuando todavía estás sobrio, un poco de vergüenza, pero cuando ya estás entonado (ya sea por ánimo propio, por el efecto del alcohol o de algunos estupefacientes) te conviertes en algo imparable. Cuando vas disfrazado interpretas el personaje y cada persona que te va viendo te analiza o te evalúa: sorpresa y admiración si te lo has currado y risas si fuiste al chino a última hora. Además, no hay nada más que invite a la simpatía, al buen rollo y, porque no decirlo, a la promiscuidad. El Carnaval es la fiesta de la carne y, señores y señoras, eso son palabras mayores. Cuantos ligues han surgido de una noche de carnaval. Y lo peor, cuantas sorpresas a la mañana siguiente. Seguro que alguno de los que están leyendo estas líneas saben a lo que me refiero.

 

El carnaval de Canarias es simplemente nuestra verdadera fiesta. Entiendo yo que es como se debe sentir de identificado un sevillano con la Feria de Abril, un pamplonica con San Fermín o un valenciano con las Fallas. Volviendo a la conversación inicial con la señora, creo que me equivocaría mucho si yo analizara con simpleza al decir que la feria son cuatro señoritos bailando sevillanas, que San Fermín es la carrerita delante de los toros y una camiseta blanca más sucia que la de un anuncio de Vernel o que las fallas es solo un encuentro de pirómanos. Nunca he estado en estas fiestas pero me imagino que deben de ser divertidísimas, pero sobre todo, por lo que decía antes, porque la gente de ahí vive los mejores días del año: cuando se juntan las cuadrillas, los  grupos de amigos, cuando los chicos y chicas quedan para dejarse querer. No sé. Simplemente son las fiestas que estás esperando todo el año.

 

Cierro este artículo con la magnífica letra de la canción 'Himno al Carnaval': “Ponte tu mejor disfraz y entra en el carnaval. Que la vida la sientas vivir. Abran puertas y dejen entrar. ¡¡¡Carnaval, Carnaval, Carnaval!!!

 

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