Las claves de la falta de vivienda en Canarias
En Canarias no se ha construido lo suficiente en las últimas tres décadas, especialmente desde hace quince años. Así lo confirma un informe de la Universidad de las Hespérides, entidad privada y digital, sobre turismo y vivienda en Canarias que sostiene que la solución de la crisis habitacional de las islas pasa por un cambio en la Ley de Vivienda y, sobre todo, por la construcción de nueva obra.
Para comprobar que es cierto que esta crisis está relacionada con el déficit estructural de vivienda que existe en la región desde 1991, por el que hay más residentes que recursos habitacionales, no hay más que mirar los datos.
Canarias tenía en el año 1994 una población de 1.600.000 habitantes, en 2009, está cifra ascendía a 2.100.000 habitantes y en 2024, el pasado año, a 2.258.000 habitantes. Esto supone que la población creció entre 1994 y 2008, en 500.000 personas, unas 33.000 al año (un 30%). Entre 2009 y 2024 el crecimiento se redujo y fue de 158.000 habitantes, unas 10.000 personas al año (un 7%).
Sin embargo, el crecimiento del número de viviendas no fue equilibrado. En la primera etapa, del 94 al 2008, con un crecimiento de medio millón de personas, se construyeron 300.000 viviendas nuevas, es decir 20.000 al año. Sin embargo, en los últimos quince años tan sólo se construyeron 30.000 viviendas, unas dos mil al año, claramente insuficientes para asumir el crecimiento poblacional.
Los informes indican que se necesita construir una media de 10.000 viviendas al año para cubrir el desfase entre la creación de hogares y el número de viviendas construidas. Tres lustros con una media de 2.000 viviendas por año han dejado el mercado inmobiliario canario claramente desabastecido e incapaz de cubrir la demanda existente en la actualidad.
La clave está, por tanto, en la construcción de vivienda nueva. ¿Y cuáles son los motivos por los que no se ha agarrado a este toro por los cuernos? Se puede decir que es un combinado fatal de falta de suelo urbano, falta de planificación urbanística y un pesado elefante llamado burocracia, que demora tanto la concesión de licencias como la aprobación de planeamientos urbanísticos.
El mejor ejemplo de todo esto lo tenemos en la propia isla de Lanzarote con un PIOT que data del año 1991, es decir de hace 34 años. Hablamos de tres décadas y media en las que Lanzarote se ha transformado, tanto poblacionalmente como en sus necesidades y problemas.
En contraposición nos encontramos que el Plan Insular de Gran Canaria ha tenido, desde 1995, cuatro revisiones para actualizarlo y ponerlo al día.
Las causas del problema están claras, es hora de apostar por agilizar y mejorar la gestión en las islas para solucionar un problema que se arrastra desde hace ya demasiado.