PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Astrid


Francisco J. Chavanel

 


En todas sus vidas Astrid Pérez ha sobrevivido cuando parecía que su cabeza colgaba de un hilo. La lista de ataques ha sido innumerables y la lista de sus víctimas, también.

 


Es posible que la gente se haya olvidado de aquel momento en que el poder plenipotenciario de José Manuel Soria quiso llevársela por delante. Astrid no le bailaba el agua al gran líder, ni le decía cosas agradables. Soria había cuasi militarizado al partido y exigía una devoción de los suyos rayana en el patetismo fundamentalista. Aquel que no profesaba de devoto era automáticamente fulminado.

 


Cuando Soria la emprendió con Astrid se encontró con una fuerte resistencia en Lanzarote y con el riesgo seguro de que la organización se rompía. Alguien del grupo de la hoy presidenta del Parlamento le hizo ver al preclaro líder que un acuerdo era posible y que un respetito a todas las partes en litigio era lo que exigía la sensatez. Así se cerró el acuerdo: Astrid controlaría Lanzarote y Soria se limitaría a observar y a aplaudir. Si ganas una batalla así contra alguien que nunca ha hecho prisioneros, es que tienes carácter, que no eres intimidable ni manejable, y que tus ambiciones no se prostituyen.

 


Recientemente, durante todo este año y medio que llevamos de legislatura, el hasta hace poco vicepresidente del Cabildo de Lanzarote, Jacobo Medina, se ha dedicado al “noble” oficio de la conspiración para intentar procurar el retiro de Astrid Pérez, precisamente la mujer que lo colocó en el sitio. Medina, conjuntamente con el actual alcalde Arrecife, Jonathan de León, han conformado una especie de ute cuyo propósito principal era hacerse con el control del partido y colocar progresivamente a su gente en zonas estratégicas de manera que Manuel Domínguez, presidente regional del partido, les diera su aprobación cuando ya nada pudiera dar marcha atrás.

 


Los movimientos de Medina y De León fueron tan intensos y tan visibles que todo Lanzarote sabía desde hace meses lo que estaba ocurriendo. Como suele ser normal en estos casos la campaña de los asaltantes se basó en bulos y difamaciones que describían la presunta decadencia de Astrid Pérez, un cúmulo de decisiones supuestamente caprichosas e irracionales, alguien en quien ya no se podía confiar, que había cumplido su ciclo, que estaba amortizada, y que solo quedaba enterrarla.

 


Lo que hizo Astrid fue muy sencillo: explicarle el asunto a su jefe, Domínguez, solicitar su apoyo, hablar con Oswaldo Betancor, presidente del Cabildo por CC, concretar con él un cambio de responsabilidades, cargarse a Medina de número dos de la institución, sustituirlo por una persona de su confianza, y enviarlo directamente al cubo de los desperdicios. De momento Jonathan de León no ha sido irradiado, pero todo llegará en su momento, que no desespere.

 


Hay quien ahora publica la larga lista de bajas por hacerle frente a Astrid Pérez. Los resultados electorales cosechados por el PP en Lanzarote le dan la razón a ella y se la quita a sus críticos. Es interesante la piedad que merecen las víctimas en algunas criptas donde las matanzas son a diario y las esquelas de los muertos publicadas en la prensa local.

 

Comentarios (0)