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Mirar para otro lado no elimina el problema, lo complica

 

  • Lancelot Digital
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    Un informe del Ministerio del Interior deja un dato preocupante con una lectura que lo es más aún: aumentan los delitos de carácter xenófobo en Canarias, es decir aumenta el racismo en las islas. Sin quitar ningún tipo de hierro a semejantes datos, que no son buenos, sí nos atreveríamos a decir que parte de la culpa de esa percepción negativa que tienen los ciudadanos de quién llega de fuera recae en quienes nos gobiernan.

     

    Cuando recibimos en nuestra casa invitados, nos esforzamos porque todo esté a punto. Si alguien viene a comer, hacemos comida abundante para que a nadie le falte de nada. Eso es algo obvio. Pero ¿por qué no ocurre lo mismo con nuestras ciudades, con nuestras islas? La llegada de pateras en el caso de las islas de Lanzarote y Fuerteventura es incesante. Cuando llegan, las instalaciones en las que los recibimos no son las adecuadas. En plena tormenta tropical Hermine llegó una patera a Lanzarote y decenas de personas, adolescentes y niños entre ellos, quedaron a la intemperie porque el CATE de Arrecife estaba inundado. Punto uno, no se ha dotado a Lanzarote de instalaciones adecuadas.

     

    Cada vez que llega una patera, los efectivos policiales y de emergencias se centran, lógicamente, en atenderles. Varias patrullas de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, otras de las policías municipales, más efectivos de Cruz Roja o de Emerlan (depende por donde lleguen y en qué condiciones) se destinan al recibimiento y cuidado de esas personas que llegan del continente africano. La percepción de la ciudadanía es que ellos quedan desatendidos. Si eso ocurriera una o dos veces, no pasaría nada, pero la llegada de pateras a la isla es constante. La solución sería sencilla: incrementar el número de Guardia Civiles y de Policías para que la seguridad en Lanzarote y Fuerteventura no desfallezca. Ya son pocos los policías que hay en la isla, están por debajo de los ratios que nos corresponden y eso nos lleva a que haya una mayor sensación de inseguridad entre la población. Punto dos: solucionar este problema.

     

    Muchos de los jóvenes que llegan quedan en un limbo de desatención cuando no son tan niños para ser protegidos, pero siguen siéndolo para trabajar y tampoco tienen familias que les resguarden y les ayuden a pagarse unos estudios. Se quedan solos y en la calle. Desamparados. Muchos optan por hacer lo que sea por sobrevivir. Es entendible en su caso, no tienen otro remedio.

     

    ¿Y en el nuestro?

     

    Nos rodeamos con un manto de falsa solidaridad y acogemos a todo el mundo, pero no es cierto, porque acoger es cuidar, y a estas personas, a estos niños en muchos casos que si fueran nuestros no dejaríamos ni salir de noche, no los estamos cuidando, los dejamos en la calle, sin medios. Sin ayudas. De alguna manera se está llevando al límite a personas que hacen lo que sea para salir adelante. Y el discurso de falso progresismo no ayuda. Canarias debe estar abierta a acoger a todas aquellas personas que pueda sostener. Si se quedan, deben poder estudiar, formarse y trabajar. Formar parte de la sociedad como lo harán nuestros hijos. Todo lo demás es fomentar el racismo porque la presión que se genera es insostenible y acaba por explotar por algún lado.

     

    Los políticos deben preguntarse porqué en las zonas más deprimidas de nuestros barrios es donde las actitudes xenófobas son mayores. Las autoridades viven en general alejadas del mundanal ruido que crea el problema y miran para otro lado. Eso provoca, directa e indirectamente, el desprecio del otro, del de fuera. Esperemos que la cosa no vaya a peor. Luego se preguntan los motivos por los que en esos barrios se radicalizan el voto hacia la extrema derecha.