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El show de los titiriteros

Sara González

 

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“Parecieran querer explotar y contar los verdaderos secretos de aquellas personas. Lo más gracioso, que todos dan consejos que difícilmente toman para sí mismos. Miran expectantes, quejándose, pero inmóviles al cambio”

 

Ahora entiendo cómo se sentía Truman al ver como su vida estaba dirigida como si fuese el machango de un títere, en la que un titiritero dirige sus acciones y pensamientos hasta que se aparece frente a él, una monarca de sangre azul. Esa mujer que despierta a Truman de su dirigida y previsible realidad. Una gran ventaja que tenía.

 

Los sillones de Las Cámaras democráticas españolas están viviendo algo parecido a lo que recogía Peter Weir en esa secuencia de imágenes en movimiento.

 

Aunque lo que sucede en estas “sillas Ñ, es algo poco sorprendente para la población de este país. Las continuas acusaciones de acciones poco pegadas a ley siguen rebotando por las paredes rodeadas de políticos -de lunes a viernes-, que parecieran querer explotar y contar los verdaderos secretos de aquellas personas que son nuestros representantes y los que nos defienden, tanto dentro, como fuera de esta área fronteriza, que dicen diferenciarnos culturalmente del resto del mundo. Porque Spain is different. Quizás sea durante el fin de semana cuando lo hagan, cuando alcen la voz. El problema, esos susurros son imperceptibles en la calle, pues no llegan su voz hasta los ciudadanos durante los días de descanso.

 

Es aquí donde la tormenta comienza a remover el mar, pero yo al igual que Truman me aferro al barco. Ante mi, aparecen dos puertas. Abro una de ellas y veo a políticos de todos los partidos -porque no hay ninguno que se salve- echándole cosas en cara a su contrincante. Que si tú no hiciste, que si tú hiciste, … La última novedad, cada uno pidiendo la dimisión del contrario por sus respectivos presuntos asuntos fuera de ley. Lo más gracioso, que todos dan consejos que difícilmente toman para sí mismos. Cierro la puerta. Me pregunto: ¿para qué salir a ese lugar? Decido abrir la segunda, para poder comparar y elegir la mejor, o por lo menos, no la peor opción.

 

Al ver lo que se asoma en esta nueva perspectiva, observo que el panorama no es muy distinto. Pues en ella se ve a una población con aparentes rasgos que denotan, en una primera ojeada, agotamiento. Decido seguir con mi ejercicio de observación y descubro algo contradictorio. Pues, la población se mantiene atenta a la trifulca vivida en la primera puerta, toman partido (unos por un bando y otros, por el contrario). Tras ello, una nueva actitud surrealista me sorprende, al mismo tiempo que toman partido, protestan por la falta de compromiso político de estas personas que llegan a las “sillas Ñ” como si pareciera que no quisieran hacer política o cómo si nos les importara el progreso de la sociedad a la que representan. Mientras tanto, miran expectantes, quejándose, pero inmóviles al cambio. Cierro la puerta y me quedo reflexionando en la tormenta, porque a diferencia de Truman, no me decido cuál puerta cruzar.

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